También debo confesar que no soy un lector habitual de blogs. Hasta ahora, siempre que he deseado distraerme o informarme recurro a los libros. Este (no tan) nuevo mundo ha permanecido ajeno, pero quizás ésta sea una buena ocasión para presentarnos.
Decidí denominar al blog El Zapato de Al Zeidi por el periodista iraquí que lanzó precisamente sus dos zapatos al entonces (y felizmente defenestrado) presidente George W. Bush en uno de sus últimos actos oficiales como jefe de Estado. En esa ocasión le gritó: “Este es el beso de despedida del pueblo iraquí, perro”. Tanto arrojar los zapatos a una persona como el insulto de perro son consideradas ofensas muy graves en el mundo árabe.
Me pareció sobre todo importante el hecho de que siendo periodista Muntadar Al Zeidi actuó como persona y le espetó lo que millones de personas quisieran gritarle en la cara pero no han tenido la oportunidad. Con esto no estoy diciendo que insultaré o arrojaré cosas a cuanta persona corrupta tenga al frente, pero sí me parece importante contraponer esta postura a la habitual, que es de desinterés total por lo que sucede alrededor. Al contrario de lo que decía Ryszard Kapuściński, parece ser que el periodismo viene siendo un trabajo para los cínicos. Pretendo escaparme de ese estigma.
De otro lado, se encuentra el caso del fotógrafo Kevin Carter (que no es menos polémico y crea posturas contrapuestas y a la vez respetables). Carter tomó una de las fotografía más conocidas del mundo contemporáneo en donde se observa a un buitre esperando pacientemente la muerte de una niña agonizante en el desierto de Sahara, en Sudán. Por esta foto recibió el premio Pulitzer en el año 1994. Sin embargo, la culpa por no haber ayudado a la niña lo acompañó siempre y así lo manifestó al recibir el premio: “Es la foto más importante de mi carrera pero no estoy orgulloso de ella, no quiero ni verla, la odio. Todavía estoy arrepentido de no haber ayudado a la niña”.

Finalmente, Carter, agobiado por ese pesar y por la muerte de uno de sus mejores amigos, decidió quitarse la vida ese mismo año cerca de un río donde jugaba cuando era niño en Sudáfrica. Pero tampoco es tan simple criticarlo. Su trabajo posibilitó sensibilizar a millones de personas que vieron su fotografía en el mundo. Además, la mayoría de sus principales críticos lo hacen desde una laptop arropados en sus camas, mientras Carter tuvo que pasar su vida en los principales escenarios de guerra de su natal Sudáfrica y en otras zonas de la tierra.
Como se observa, no es tan fácil criticar a uno u a otro porque existen argumentos muy razonables de ambos bandos. Pero considero que sí es claro que el periodista no debe olvidar que por sobre todo es humano, y tanto si decide actuar como retratar la realidad como si no estuviese en la escena, debe hacerlo por interés que vayan más allá de incrementar su cuenta personal o su prestigio. Por lo demás, aún estoy en la disyuntiva de cómo responder ante los problemas que veré en el transcurso de mi carrera. Eso es lo que pretenderé responderme a través del blog El Zapato de Al Zeidi. Y sin duda ayudarán muchos sus comentarios, tanto los constructivos como los destructivos.

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